Hablar de He-Man y Los Masters del Universo,como objeto de deseo de los coleccionistas de juguetes, puede parecer repetitivo y trasnochado para cualquier coleccionista ochentero que se precie, teniendo en cuenta el impacto que esta serie animada supuso para la chavalería de los 80.
Mucho se ha contado, sobre lo especial de sus personajes, lo exclusivo de su universo,o el misticismo que rodea a sus figuras de acción, algunas de ellas auténticos griales del coleccionismo juguetero.
No recuerdo si lo he contado ya en alguna entrada previa, relacionada con este tema, o no... pero yo, como niño ochentero español registrado, no tuve jamás ningún juguete de esta franquicia.
No disfruté jamás de sus impresionantes figuras. ni trasteé jamás con sus asombrosos vehículos. No. Yo, que, hasta que descubrí los videojuegos, pasaba las tardes de niñez, encerrado en mi cuarto jugando con mis ayrgamboys, guerreando con mis playmobils piratas y batallando con mis soldaditos montaplex, y que adoraba los juguetes en todas sus variantes, jamás viaje a Eternia ni la defendí de las fuerzas oscuras de Skeletor. Jamás "tuve el poder".
Mi contacto infanto-juvenil con esta universal licencia juguetera no pasó de tres o cuatro figuritas "Dunkin" de las que salían en los pastelitos de la marca (que aún conservo), algún episodio suelto de la serie animada (aunque no muchos) y la película de 1987, que ni siquiera vimos en el cine. Ah... y aquel infame juego de mesa pirata de Falomir (cuánto lo hecho de menos) llamado "Giman" y los Masters del Universo. Ese también le tuvimos.
Y eso es todo. ¿El motivo? Quizá la lejanía de mi localidad con las grandes urbes donde se encontraban las grandes superficies comerciales que ya empezaban a aparecer, la escasa distribución de productos jugueteros a las tiendas de pueblo... O tal vez el tema monetario, esos juguetes eran caros y en la relación calidad precio, porlo menos a ojos de mis padres, creo que siempre salían ganando los airgamboys y los playmobil o Famobil, como se llamaban entonces.
Por supuesto, yo nunca he sido ajeno a la existencia de estos juguetes, pero al igual que me sucedía con el Scalextric, como no lo podía tener, me parecían juguetes de ricachones pudientes. Por ello estas figuras nunca generaron en mi ese aprecio nostálgico o esa predilección por recuperar, conseguir y conservar que si han suscitado en mí otras formas de entretenimiento.
Pero siempre han estado ahí, en mi imaginario particular, como un oscuro objeto del deseo, como una manzana prohibida que nunca me decidí a tocar. Porque en el fondo, como buen niño ochentero, siempre me ha fascinado ese universo de epada y brujería tecnológica. Si creces con Conan el Bárbaro, El Señor de las Bestias, Las Crónicas de la Dragonlance o Dragones y Mazmorras, ¿cómo no te va a gustar He-Man?
Pues bién, hace unos años con el relanzamiento por parte de Mattel, de buena parte de las figuras y muchos vehiculos y escenarios, me hice con un Castillo de Grayskull. Estaba rebajado al 50% y me dije ¿porqué no? Era un "melón" peligroso de abrir, ya que no sabía dónde me llevaría, pero !qué narices¡ era el Castillo de Grayskull, el Castillo de Grayskull, con el que soñaban millones de niños en los años 80 y que muchos, muchisimos, como yo, jamás llegamos a tener. Así que me decidí. Y con esa vergüenza entre ajena y propia que nos aflige a los coleccionistas de una edad, cuando compramos un juguete, pensando en el "qué pensarán", salí del establecimiento con mi Castillo, que todavía no he abierto, ni seguramente abriré.
Y es que aunque el tiempo de jugar ya pasó, aún queda el tiempo de ser felices y esto para mi es felicidad de la buena...






















































